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La migración después del COVID-19 dependerá de la recuperación económica de países ricos

Kleibeel Marcano / Reporte Hispano

La pandemia del COVID-19 cerró las fronteras de los países en todo el mundo.  El miedo a la expansión del virus ha dejado a miles de migrantes y solicitantes de asilo afuera de las fronteras de las naciones donde intentaban llegar. El retorno de la migración dependerá de que tan rápido se recuperen las economías de las naciones desarrolladas, afirmó Demetrios Papademetriou, cofundador y presidente emérito del Instituto de Políticas Migratorias (Migration Policy Institute) en Washington D.C.

Durante una teleconferencia de prensa realizada por la organización Ethnic Media Services (EMS), el analista afirmó que “el principal factor para poder determinar que pasará en los próximos tres o seis meses dependerá de que tan rápido y por cuanto tiempo la devastación económica continúe y que tan profunda sea esta en los países ricos”.

Papademetriou explicó que el COVID-19 ha dejado una “devastación sin precedente”, cuya única comparación posible es la Gran Depresión de principio del siglo XX. “No se había experimentado algo tan profundo ni siquiera durante la Segunda Guerra Mundial y en los años después del conflicto”, afirmó.

El experto en inmigración considera que la concepción de las élites de que la migración debe ser constante y suficiente en los países desarrollados para poder contener el nivel demográfico de sus poblaciones (que tiende en las últimas décadas a reducirse) pudiera cambiar en los próximos tres a seis meses dependiendo de la crisis en que terminen economías de las naciones desarrolladas.

En los actuales momentos todos los componentes de la migración se han visto afectados. Los sistemas de protecciones para los inmigrantes están cerrados; los viajes internacionales de las aerolíneas se han reducido al mínimo; muy pocos solicitantes de asilo tienen la oportunidad de que sus casos sean escuchados por las autoridades; la migración de familias han sido bloqueadas.

Sólo continúa al mínimo la migración laboral en la categoría de trabajadores esenciales, como los del área de salud y la agricultura. 

Papademetriou destaca que los inmigrantes trabajadores agrícola son la base del suministro de la cadena de alimentos de todos los países desarrollados.

Impacto en los países en vías de desarrollo

El cierre de las fronteras tendrá un gran impacto en los países en vías de desarrollo.

Estas naciones además de enfrentar los estragos del COVID-19 en sus sistemas de salud y sus economías locales, también serán fuertemente golpeadas por la reducción de las remesas que sus connacionales envían desde los países desarrollados.

El Banco Mundial proyecta que este año habrá una reducción en las remesas de $142 mil millones de dólares en el mundo.

“Los países que dependen de estas remesas y la gente en estos países a quienes las remesas les permite poder sobrevivir, enfrentarán una situación muy precaria en los meses y años que viene”, vaticinó el analista.

Por ejemplo en Ecuador, el Banco Central de Ecuador prevé una caída «inminente» de las remesas de migrantes ecuatorianos porque provienen en un 88% de tres países gravemente afectados por el coronavirus como lo son Estados Unidos, Italia y España.

El profesor Fidel Márquez, de la Universidad Tecnológica de Guayaquil, estima que el país dejará de percibir este año 1.000 millones de dólares por concepto de remesas. “En el mejor de los casos, las remesas que llegarían a Ecuador (este año) serían de 2.100 a 2.300 millones de dólares», afirmó el académico a la agencia de noticias Efe.

Otro ejemplo es Honduras. Las remesas familiares representan alrededor del 20 % del producto interno bruto (PIB) de este país centroamericano. En lo que va de 2020 las remesas ascendieron a 1.457 millones de dólares, un 5,6 % menos que los 1.545 millones del mismo periodo de 2019, según cifras del Banco Central de Honduras.

A la caída de las remesas y el desplome de sus economías locales a causa del COVID-19, los países pobres también enfrentarán un oleada de sus propios connacionales que retornan de los países desarrollados a causa de la falta de empleo, señaló Papademetriou. “La gente se está regresando a sus países por la falta de trabajo y las precarias condiciones que están viviendo”.

Como ejemplo, señala el caso de Rumania, en donde el gobierno anunció que en las pasadas siete semanas 1.3 millones de migrantes rumanos regresaron al país.

Esto incrementará la presión en las economías y sistemas de salud de estas naciones que no tienen la capacidad de atender a toda la población.

El hambre mundial aumentará a causa del COVID-19

Los efectos a la economía mundial del COVID-19 aumentará drásticamente el hambre en el mundo. Dulce Gamboa, Especialista de Políticas de la organización “Bread for the World” informó durante la teleconferencia de EMS que el Programa Mundial de Alimentos estima que 265 millones de personas al final del año enfrentarán una crisis alimentaria.

Principalmente las naciones afectadas serán los mismos países que padecieron crisis alimentaria en el 2019, entre ellos Venezuela, Haití, Yemen, Congo, Afganistán, Etiopía Siria, Sudan, Nigeria y Sudán del Sur.

“En estos países la gente cree que va a morir de hambre antes que morir de coronavirus”, afirmó Gamboa.

La falta de alimentos en las naciones pobres tendrá un impacto directo en la desnutrición, en la sanidad e higiene, la calidad del agua y el cuidado de las mujeres y los niños.

Gamboa explicó que la desnutrición infantil afecta de por vida a las personas ya que crecen con sistemas inmunológicos débiles y enfermedades subyacentes que los hacen más vulnerables y menos productivos.

La tétrica situación que enfrentan y enfrentarán las naciones pobres a causa del COVID-19 ha llevó a la ONU a aumentar de 2.000 a 6.700 millones de dólares su solicitud de fondos para apoyar a los países pobres en sus respuestas al coronavirus

«A menos que actuemos ahora, tenemos que prepararnos para un aumento significativo de los conflictos, el hambre y la pobreza. El espectro de múltiples hambrunas está al acecho», avisó el jefe humanitario de Naciones Unidas, Mark Lowcock, en un comunicado.

Lowcock recordó que, aunque la pandemia está afectando a todos, los «efectos más devastadoras y desestabilizadores se harán sentir en los países más pobres del mundo», que ya están sufriendo por la caída de las exportaciones, de las remesas y del turismo.

«Si no apoyamos a los más pobres, especialmente a mujeres, niñas y otros grupos vulnerables, mientras combaten la pandemia y el impacto de la recesión global, vamos a afrontar efectos colaterales por muchos años. Eso será aún más doloroso y mucho más caro para todos», advirtió.