Un día de trabajo debe ser un día pagado:Apoyo a Mikie Sherrill para defender a los trabajadores de Nueva Jersey
Por la Asambleísta Annette Quijano
Cuando ingresé por primera vez a la Asamblea, me sorprendió y decepcionó descubrir lo generalizado que era el robo de salarios en Nueva Jersey, especialmente en el Distrito Legislativo 20 . Al principio, escuché historias anecdóticas sobre trabajadores que solo recibían parte de su pago o que no recibían nada por parte de empleadores sin escrúpulos. Estos relatos fueron confirmados por un informe de 2011 del Seton Hall Law School Center for Social Justice, que reveló que la ciudad de Elizabeth tenía la tasa más alta de robo de salarios entre los jornaleros del estado: el 93 % reportó haber recibido menos de lo prometido y el 80 % dijo no haber recibido pago alguno.
Esta injusticia me motivó a luchar por una de las leyes contra el robo de salarios más estrictas del país, porque nadie que trabaja arduamente para ganarse la vida debería ser despojado de lo que ha ganado. Esa ley, promulgada por la vicegobernadora Sheila Y. Oliver en 2019, envió un mensaje claro: si robas salarios, pagarás el doble de lo que debes y enfrentarás responsabilidad penal por cualquier represalia. Fue una victoria por la justicia, pero también me enseñó algo fundamental.
El robo de salarios no es solo un problema laboral: es una crisis moral que no tiene cabida en una sociedad justa. Son los víveres de la semana que una familia no puede comprar, la renta que no puede pagar o el niño que se acuesta con hambre. Es tiempo robado: horas de sudor, dolor y dignidad borradas por empleadores que creen que nadie lo notará o que a nadie le importará.
A pesar de nuestros avances con esta ley más fuerte, demasiados trabajadores —especialmente en industrias como la construcción, el servicio de alimentos y el trabajo doméstico— siguen enfrentando explotación. El robo de salarios continúa siendo una injusticia persistente que priva a las familias de estabilidad y dignidad. Eliminarlo requiere liderazgo con compasión y determinación para aprovechar plenamente nuestras capacidades de cumplimiento actuales y, además, abogar por protecciones legales aún más sólidas.
Les diré algo: una ley solo es tan fuerte como el líder que la hace cumplir. La decisión que tomen al emitir su voto para gobernador determinará si el robo de salarios se convierte simplemente en parte del “costo de hacer negocios” para los empleadores sin escrúpulos, o si esos mismos empleadores serán responsabilizados por sus crímenes.
Necesitamos una gobernadora que entienda que proteger a los trabajadores no se trata solo de política pública, sino también de humanidad, justicia y de mantener nuestros valores y promesas. Por eso me enorgullece respaldar a Mikie Sherrill para gobernadora.
Mikie encarna el liderazgo que esta lucha requiere: con principios, valentía y profunda empatía. Como piloto de helicóptero de la Marina, sirvió a nuestro país con coraje. Como fiscal federal, defendió el estado de derecho. Y como miembro del Congreso, ha luchado por reducir costos y proteger a las familias trabajadoras de Nueva Jersey. Ahora está lista para llevar ese compromiso a Trenton, para asegurar que cada trabajador —sin importar su origen o idioma— reciba el pago que ha ganado.
Mikie entiende que “un día de trabajo debe ser un día pagado”. Sabe que el robo de salarios afecta con mayor dureza a industrias como la construcción, la asistencia en el hogar y el servicio de alimentos, donde muchos trabajadores carecen del poder o de los recursos para denunciarlo. Por eso, como gobernadora, financiará completamente y reforzará la aplicación de nuestras leyes contra el robo de salarios e instruirá a su Fiscal General para que investigue de manera proactiva a los empleadores que explotan a sus trabajadores.
Esto es más que rendición de cuentas; se trata de equidad básica. Mikie y yo sabemos que cuando un trabajador es engañado, toda una familia sufre y se rompe la confianza de una comunidad en el sistema que debería protegerla.
Mientras el oponente de Mikie se enfoca en ayudar a las corporaciones y grandes empresas —como lo demuestran sus múltiples votos en contra de un mayor cumplimiento de las leyes contra el robo de salarios mientras estuvo en la Asamblea—, ella se concentra en apoyar a las personas, a los trabajadores que hacen posible que esos negocios prosperen. Mikie entiende que proteger los derechos de los trabajadores no es una carga; es la base de una economía fuerte y justa.
He dedicado mi carrera a abogar por los trabajadores y darles voz —y sé reconocer a una verdadera aliada cuando la veo. Mikie Sherrill tiene la fuerza para hacer cumplir nuestras leyes, la integridad para responsabilizar a los infractores y la compasión para valorar la historia de cada trabajador como digna de defensa.
Para los meseros y cocineros, los obreros, los trabajadores de la construcción, las cuidadoras y las familias que solo piden recibir lo que han ganado —Mikie Sherrill es la líder que Nueva Jersey necesita. Este 4 de noviembre, votemos para defender la dignidad de nuestra fuerza laboral. Porque en nuestro estado, sabemos de corazón: cada hora trabajada es una hora que merece ser pagada.

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