La lucha de una madre por proteger a su hijo autista del maltrato
No podía hablar para contarle qué pasó en la escuela. Ahora él está a salvo — y ella exige respuestas
Por Julie O’Connor, NJ Spotlight News
El punto de quiebre para Natara Matias llegó el momento en que le levantó la camisa a su hijo de 5 años y encontró una marca horrible: como la huella de la mano de un adulto estampada en su espalda.
El niño llegaba a casa con lesiones inexplicables de manera rutinaria. Y solo ocurrían en sus escuelas, en Newark. Su hijo, quien tiene autismo y no puede comunicarse verbalmente, no podía ayudarla a resolver el misterio.
«Algo está pasando en este sistema escolar», dice ella.
Así comenzó una odisea de dos años. Matias dice que le negaron el acceso a los reportes de lesiones. La amenazaron con cargos por ausentismo escolar. Le bloquearon la instrucción en el hogar. Le contaron una historia tras otra sobre qué le había pasado a su hijo, entre ellas una que se había lastimado en su propia casa. La policía la rechazó. Trasladaron al niño a otra escuela, donde los raspones y rasguños —uno de ellos ahora una cicatriz— continuaron.
El hijo de Matias hoy está prosperando en otra escuela, un programa especializado fuera del distrito que cuesta cerca de $90,000 al año. Aun así, ella tiene preguntas: ¿Por qué tuvo que luchar tanto, durante tanto tiempo, para proteger a su hijo? ¿Por qué hizo falta la intervención del superintendente del condado para ofrecer un plan que garantizara su seguridad? ¿Por qué este rescate ocurrió recientemente después de que ella enviara fotos del manotón para lograr que ese funcionario se involucrara?
Y la pregunta más importante de todas: ¿cuántos otros padres podrían estar desconcertados por heridas misteriosas? ¿Están en peligro otros niños con discapacidades, particularmente en distritos que, como Newark, carecen de cámaras en las aulas de educación especial?
Cuando le pidieron que firmara un acuerdo de confidencialidad sobre el caso, Matias se negó. Armada con expedientes detallados, le contó su historia a NJ Spotlight News para exponer lo que ella llama un punto ciego sistémico en las escuelas públicas de Nueva Jersey: el alto riesgo de maltrato que enfrentan los niños no verbales, tanto por parte de compañeros como de adultos.
Un chichón del tamaño de un huevo
NJ Spotlight News se refiere al menor por sus iniciales para proteger su privacidad.
J.M. vive con sus padres, ambos enfermeros practicantes. Es un niño dulce y alegre, según su madre, que se despierta sonriendo todas las mañanas y se ríe durante todo el día.
Usa el cabello en trenzas o twists. Le encantan las ensaladas y, como snacks, elige verduras crudas, en particular zanahorias. Le fascina el básquetbol. De hecho, le gustan tanto las pelotas que colecciona de todo tipo —desde pimpón hasta tenis— y se las lleva todas a la cama para dormir con ellas por la noche.
De alguna manera, este niño alegre iba a la escuela con buena salud y regresaba a casa con lesiones. Al principio, nadie tenía respuestas.
Una abogada del distrito afirmó que no existían registros de lesiones ocurridas en la escuela, dice Matias. La policía de Newark inicialmente se negó a tomar su denuncia. Su propia abogada le instó a dejarlo pasar y enviar a su hijo de vuelta a la escuela. Sin embargo, Matias tenía documentación desde cuando J.M. tenía 3 años.
El 10 de julio de 2023, recibió una llamada del programa de verano del distrito de su hijo para que fuera a recogerlo. Le dijeron que se había caído. Ella llegó y encontró un chichón del tamaño de un huevo en la frente. Le tomó una foto. La lesión era tan pronunciada, dice, que seguía visible cuando comenzó el año escolar dos meses después.


Chichón o bulto en la frente de J.M.
Según su relato, los problemas comenzaron de inmediato. La familia se acababa de mudar a Newark desde el Bronx. J.M. no fue inscrito en un aula regular, sino en un programa para niños con necesidades especiales en la escuela Oliver Street School. ¿Quién o qué lo estaba lastimando?
El personal primero afirmó que J.M. simplemente había estado «dando vueltas» cuando se cayó, dice Matias. Luego, en una conversación, una asistente comenzó a revelar que otro estudiante estaba involucrado, recuerda Matias, solo para ser interrumpida a mitad de la historia por la directora suplente del programa, Amy Woods, una alta administradora de educación especial del distrito.
Woods entonces le ordenó a la enfermera que cambiara el reporte, dice Matias, para que dijera simplemente que a J.M. lo habían tocado en el hombro, luego corrió y resbaló.
Matias quedó desconcertada: ¿Por qué la directora habría detenido a la asistente para que no diera un relato completo? Woods se negó a comentar sobre el incidente cuando NJ Spotlight News la consultó.
El distrito se negó a hablar sobre cualquier aspecto del caso de Matias. Solo dijo que no comenta casos individuales y que la seguridad y el bienestar de todos los estudiantes siguen siendo su «máxima prioridad».
Ojos que no podía abrir
La siguiente lesión ocurrió el 16 de octubre. La enfermera Robin Gentry-Brown, del programa de educación especial de la escuela Ridge Street School —conocido como Early Childhood Center North (Centro de Primera Infancia Norte)— llamó horas después de que dejaran a J.M. en la escuela.
Matias dice que le informaron que J.M. no podía abrir los ojos. Antes había estado rodando por el piso, dijo Gentry-Brown, y tal vez era irritación por el polvo.
Cuando Matias llegó, dice, su hijo sentía dolor y no podía abrir los ojos. En la frente tenía dos chichones azulados del tamaño de una moneda de cinco centavos. Se lo llevó a casa, dice, y cuando el niño despertó unas cuatro horas después, seguía con los ojos cerrados. Aterrada, Matias lo llevó al hospital para una resonancia magnética, que no logró detectar una explicación.
La escuela no dio respuestas claras. Un reporte de accidente que Matias compartió con NJ Spotlight News, y que identifica a Gentry-Brown como punto de contacto, describe la lesión únicamente como «cabeza-ojo». Indica solamente que J.M. se había despertado de una siesta y «seguía frotándose el ojo».
Matias recuerda una noticia inquietante de Paterson en 2025, cuando despidieron a una maestra suplente por, presuntamente, haberle puesto salsa picante en la boca a un estudiante autista no verbal. ¿Habría sufrido su propio hijo el mismo castigo?
Su caso no es aislado. Los defensores de derechos afirman que forma parte de un fallo generalizado en un sistema de educación especial plagado de quejas de padres, legislación estancada y temores persistentes por niños que no pueden hablar por sí mismos.
Las lesiones de J.M. continuaron. Sufrió dos chichones grandes y decolorados en la cabeza, para los cuales la escuela dio explicaciones contradictorias, dice Matias.
Según los registros de la madre, Gentry-Brown le dijo a Matias que J.M. se había caído de su catre de siesta mientras «daba vueltas» —aunque no quedaba claro a qué se refería—. También le dijo a Matias que J.M. se cayó del catre mientras una asistente lo cambiaba.
«Ninguno de los dos reportes tiene sentido», escribió Matias en sus notas. «J.M. tiene dos chichones en la cabeza. Con una sola caída reportada». Y agregó: «¿Estaba parado sobre el catre? ¿Cómo puede una persona dar vueltas en un catre mientras la están cambiando?».
El reporte oficial del accidente ofreció una tercera versión: se cayó del catre y se golpeó la cabeza contra el piso.
Gentry-Brown no respondió a la solicitud de comentarios de NJ Spotlight News.
«Víctimas perfectas»
Los padres de J.M. son ambos profesionales de la salud. Sabían que una caída de 6 pulgadas desde un catre bajo no podía provocar dos lesiones significativas en la cabeza, dijo Matias. ¿Y dónde estaba la asistente compartida que se suponía debía estar cuidando a J.M.?
Su madre le escribió a la escuela: «Que J.M. siga lastimándose en la escuela, pero no en casa, es alarmante».
Incluso si estas fueran lesiones causadas por otros estudiantes —un problema mucho más común que la mala conducta del personal—, eso representa una falta de supervisión que puede constituir maltrato institucional, según la abogada especializada en educación especial Nina Peckman: «Ellos tienen la responsabilidad de mantener a los estudiantes seguros en la escuela», afirma.
La escasez de personal a menudo deja las aulas con trabajadores mal capacitados para atender a estudiantes autistas, dice Jennifer Rosen Valverde, profesora de la Facultad de Derecho de Rutgers con una carrera dedicada a la defensa de la educación especial.
En su clínica de asistencia legal gratuita, a lo largo de aproximadamente cinco años, las quejas por falta de servicios para estos niños se han disparado del 40% al 70%, dice. Ella exige una auditoría en todo el distrito de los programas de autismo de Newark.
La veterana defensora de educación especial Renay Zamloot dice que ve «constantemente» lesiones inexplicables en estudiantes de todo el estado, y que a menudo sospecha de restricciones físicas no reportadas. Los niños no verbales son las «víctimas perfectas», agrega, ya que las escuelas con frecuencia evaden la responsabilidad alegando que los estudiantes llegaron lastimados.
Mientras los legisladores han propuesto exigir cámaras en las aulas de educación especial, esa legislación se ha estancado. La decisión de instalar ese tipo de equipo queda en manos de cada distrito local. Aunque las autoridades de Newark no confirman su política de cámaras, Matias dice que varios directores de Newark le informaron que sus aulas no las tienen.
Ella envió por correo electrónico fotos de las lesiones en la cabeza de J.M. a los líderes del distrito, incluido el superintendente Roger León, y no obtuvo respuesta satisfactoria. Matias retiró a su hijo de la escuela. «Tuve que enfocarme en su seguridad en lugar de en su educación», le dijo a NJ Spotlight News. «Tuve que elegir».
Tres visitas al hospital
En diciembre de 2023, Matias solicitó una audiencia de debido proceso, en la que un juez o un funcionario de audiencias puede emitir una orden legalmente vinculante. Matias exigió ya fuera una asistente de protección individual para su hijo, o un traslado fuera del distrito a una escuela que ofreciera terapia de Análisis de Conducta Aplicado (ABA) de primer nivel.
Durante el proceso legal, el distrito pasó de ofrecer explicaciones contradictorias a la negación total, dice ella, y el abogado del distrito alegó que J.M. llegaba lastimado a la escuela. Esto contradecía los propios reportes de accidentes de las escuelas, aunque los documentos judiciales afirman que el distrito «niega cualquier alegación o insinuación de que J.M. no esté seguro en la escuela».
Reflexionando sobre esto, Matias pregunta ahora: «Si él llegaba así a la escuela todo este tiempo, ¿por qué no me habrían denunciado a mí?».
Matias solicitó los reportes de accidentes, y Gentry-Brown solo respondió por correo: «No entregamos los reportes de incidentes a los padres». Matias presentó una solicitud formal de registros públicos y, finalmente, el 2 de febrero de 2024, una queja federal por derechos civiles.
Luego le escribió a la dirección del distrito detallando nueve meses de trauma. J.M. nunca había sufrido una lesión en la cabeza en su casa, señaló. «Mientras estuvo en el distrito escolar de Newark, hice tres visitas de emergencia al hospital y tuve que sostener a mi hijo para que le hicieran una resonancia magnética del cerebro», escribió.
El distrito respondió sugiriendo cargos por ausentismo escolar, dice ella, una advertencia que le transmitió su abogado. Era una amenaza vacía; la ley de Nueva Jersey no obliga a asistir a la escuela hasta los 5 años, y J.M. tenía 4.
Después de que un juez negara la instrucción en el hogar y su abogado le advirtiera que probar el incumplimiento del distrito sin evidencia de una lesión permanente sería casi imposible, Matias dice que retiró su queja. Cuando le pidieron que firmara un acuerdo de confidencialidad, se negó.
El distrito finalmente ofreció una solución intermedia: un lugar en el programa de Análisis de Conducta Aplicado de la escuela South Street School. J.M. comenzó en ese programa en abril de 2024.
Matias lo llama un giro irónico. Más de un año antes, ella había suplicado por un programa así a las supervisoras de educación especial Shirley Fonseca y Cheryl Myrie, dice, solo para que le dijeran que el distrito no tenía ninguno.
El programa había comenzado en julio de 2023. Matias todavía se pregunta: ¿Por qué el distrito retuvo un recurso mientras su hijo sufría?
Fonseca y Myrie no respondieron a las solicitudes de comentarios.
Nueva escuela, mismo problema
Fue un nuevo comienzo. Un traslado logrado tras una dura pelea. Una asistente individual, aprobada por León. Sin embargo, las lesiones no cesaron.
El 9 de septiembre de 2024, J.M. llegó a casa con rasguños recientes en la mano izquierda y el rostro, según sus registros, revisados por NJ Spotlight News. La escuela no ofreció ninguna explicación, dice ella, ni ningún reporte de incidente. Dos días después, dice, J.M. llegó a casa con un moretón en la pierna, debajo del pantalón. De nuevo, dice, el personal aseguró no saber nada.
El 10 de octubre, J.M. llegó a casa con rasguños en el muslo derecho que dejaron una cicatriz de 4 pulgadas. Cinco días después, regresó con raspones o rasguños en la parte superior de la espalda y la base del cuello, lesiones que, según Matias, parecían indicar que lo habían arrastrado.


Rasguños en el cuerpo de J.M.
Sus solicitudes para ver las grabaciones de las cámaras del pasillo fueron ignoradas, dice. Y su frustración se vio agravada por lo que ella llama represalias abiertas que había enfrentado antes por parte de la directora, Sandra Cruz.
Esto incluyó la cancelación, a último momento, de la reunión del Programa de Educación Individualizado (IEP) de su hijo, después de que Matias le pidiera a la directora que no asistiera, y limitar la observación de la madre en el salón de clases a solo 2 minutos, dice Matias. Cruz no respondió a la solicitud de comentarios de NJ Spotlight News.
El punto de quiebre, dice Matias, fue el 24 de octubre. J.M. llegó a casa desde South Street con una marca reciente y elevada, con forma de mano, en la espalda, junto con raspones o rasguños en el costado derecho de las costillas.
Matias había grabado un video de su hijo en la tina esa misma mañana, dice, lo que demuestra que su piel estaba completamente limpia antes de ir a la escuela. La marca escarlata quedó totalmente sin explicación, dice, y la escuela no entregó ningún reporte de incidente.
‘No hay que sacudir el avispero’
Matias se negó a volver a enviar a su hijo a un aula de una escuela pública de Newark, y describió «la preocupación constante y la sensación de ser un blanco» como «insoportables». Y esta vez, el distrito no opuso resistencia.
Después de que ella enviara un correo electrónico con fotos a funcionarios, incluida la oficina del gobernador, el superintendente de escuelas del condado, Joseph Zarra, la llamó directamente para prometerle una colocación fuera del distrito, dice ella. Zarra se negó a comentar con NJ Spotlight News.
Matias también le escribió a León sobre la marca, señalando que, con una asistente dedicada ya asignada, no había «ninguna razón justificable». Nunca recibió respuesta, dice, y se desconoce si el distrito remitió el caso a los investigadores de bienestar infantil o a la policía.
El distrito cedió discretamente, dice ella, y programó una reunión del Programa de Educación Individualizado para trasladar a J.M. a un programa privado especializado en la escuela Deron School, en Union, y asumió el costo de la matrícula anual, cercano a $90,000.

J.M., en un programa privado de educación especial pagado por el distrito escolar de Newark, en una sesión con una pelota de ejercicio. Su madre dice que la directora de admisiones le dijo que el traslado desde Newark fue algo poco común. (Foto de John Mooney/NJ Spotlight News)
Hoy, el niño está prosperando. J.M. ya no usa pañales. Salta de su asiento con emoción para entrar a la escuela Deron, dice su madre, a diferencia de la resistencia que mostraba hacia sus antiguas escuelas de Newark.
La directora de admisiones de Deron señaló lo poco común que fue este traslado, recuerda Matias: «Me dijo: ‘¿Cómo lo lograste? Porque nunca dejan salir a los niños de Newark'».
En última instancia, ella cree que fue su grabación en la tina lo que obligó al distrito a actuar. «No pudieron mentir», le dijo a NJ Spotlight News.
«Todavía lloro por esto a veces», dijo sobre el calvario de su hijo, y la presión para quedarse callada después de que lo trasladaran de escuela.
«Era como decir: ‘Ah, conseguiste lo que querías. No sacudas el avispero'».
Difícil de probar
¿Qué habría pasado si el distrito, en lugar de investigar cómo se lastimó su hijo bajo la supervisión de una asistente —o al menos compartir los hallazgos—, simplemente hubiera usado sus recursos para trasladar a J.M. y enterrar de hecho los incidentes? Esa posibilidad no le da tranquilidad a Matias.
Además, ¿qué hay de la policía de Newark? Ella dice que se negaron a tomar su denuncia hasta que regresó acompañada de una defensora de derechos, una interacción que detalló en una queja ante Asuntos Internos contra dos oficiales, presentada en octubre de 2024.
Una vocera de la policía confirmó que dos oficiales enfrentaron «medidas disciplinarias correspondientes» en enero de 2025 y que la denuncia y las fotos de Matias fueron remitidas a la fiscalía. La Fiscalía del Condado de Essex le dijo a NJ Spotlight News que, tras una «investigación exhaustiva», el caso se cerró por falta de evidencia suficiente para presentar cargos.
La policía notificó a la agencia estatal de bienestar infantil, como lo exige la ley, pero Matias dice que no pasó nada. Compartió con NJ Spotlight News su correspondencia con la investigadora de la agencia: mensajes de texto que muestran que el personal no pudo obtener las grabaciones del patio de recreo por parte del distrito, y una carta de enero de 2025 que indica que la investigación no encontró evidencia de maltrato.
El Departamento de Niños y Familias de Nueva Jersey se negó a hacer comentarios adicionales.
La vía legal también resultó un callejón sin salida: «He intentado contactar a abogados, y todos dicen lo mismo», dice Matias. «Es difícil probar estas cosas si él no es verbal».
Otros padres
¿Y cuántos otros casos como este existen? ¿Cuántos padres carecen del tiempo y la determinación para luchar como lo hizo Matias? Matias dice que está hablando en nombre de cualquier otro niño que también pueda haber sido lastimado sin explicación.
Ciertamente, otros padres tienen historias que contar.
En septiembre de 2025, Alexandra Domínguez descubrió moretones en su hijo de 3 años, autista y no verbal, después de recogerlo en la escuela Quitman Street School de Newark. Domínguez le dijo a NJ Advance Media que el personal culpó a una caída del catre y no le avisó, dio versiones contradictorias, minimizó sus preocupaciones y la desalentó de llamar a la policía. Ese caso sigue bajo investigación.
En otro caso, una demanda presentada en mayo de 2022 alegó que la escuela Quitman no investigó ni reportó una agresión ocurrida en noviembre de 2021 contra un niño autista de 7 años. Según la demanda, un ataque posterior contra el menor tampoco fue reportado, lo que finalmente derivó en cargos contra una asistente de maestra. El distrito llegó a un acuerdo en el caso por $1.2 millones en septiembre de 2023.
«Es la misma historia en todos lados», dice Matias sobre el distrito. «Necesitan algún tipo de sistema de monitoreo, porque los padres están presentando quejas y no se está haciendo nada. Nada».
Su hijo está a salvo ahora. Sin embargo, ella no va a dejarlo pasar. Está buscando lo único que podría obligar a este distrito a cambiar, dice: la verdad.
Esta traducción fue proporcionada por Americano Newspaper, en asociación con el Centro de Medios Cooperativos de la Universidad Estatal de Montclair, y cuenta con el apoyo financiero del Consorcio de Información Cívica de NJ. La historia fue escrita originalmente en inglés por NJ Spotlight News, y se vuelve a publicar en virtud de un acuerdo especial para compartir contenido a través del Servicio de noticias de traducción al español de NJ News Commons.
This translation was provided by Americano Newspaper, in association with the Center for Cooperative Media at Montclair State University, and is financially supported by the NJ Civic Information Consortium. The story was originally written in English by NJ Spotlight News, and is republished under a special content-sharing agreement through the NJ News Commons’ Spanish Translation News Service.


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